Historia enviada por Humbert Humbert.
Era un día común y corriente, no pasaba nada interesante hasta que, después de un corto intercambio de mensajes con Ana, decidió pasar por mi casa para recoger un pequeño suvenir de mi país de origen.
Llegó como siempre: Puntual y alegre, me saludó con su escueto “Hola” y siguió de largo hasta ocupar su asiento habitual en mi acogedora sala.
Tenía algo especial, y no era precisamente su ropa, o sus lindas piernas, era su cabello, sin lugar a duda algo se había hecho en el cabello que la hacía ver insoportablemente bella.
Comenzamos probando un vino tinto Francés que le agradó mucho y después cambiamos a otro vino más suave, también Francés, que también le agrado.
Entre vinos, cigarrillos y mas copas de vinos, se nos ocurrió escuchar algo de música, cuál no sería mi sorpresa al descubrir (confieso que no lo sabía) cierta predilección de Ana hacia cantantes y grupos musicales de los años 70´ y 80´. Quede gratamente sorprendido al descubrir cuanto sabia de esa música de mi época.
La invite a bailar pero prefirió cantar, se sabía la letra de estos clásicos musicales, todo un acontecimiento para mí que no paraba de asombrarme.
Se nos acabaron los cigarrillos, pero no las ganas de seguir escuchando buena música así que decidimos ir a buscar más cajetillas rojas de Marlboro para continuar con nuestra amena y entretenida charla.
De la sala pasamos al balcón, un lugar que nos trae a la mente (a ambos) gratos momentos, se lo recordé y Ana me hizo una confesión que siempre me agrada escuchar: En aquel lugar había tenido su mejor orgasmo conmigo.
De repente sus ojos comenzaron a cambiar, bueno, más bien su mirada, mientras yo acariciaba suavemente su pierna. Era como si la luna llena estuviera a punto de salir y del interior de Ana aflorara la más despiadada de las bestias terrenales.
Entre caricias, miradas sensuales y deseos reprimidos que ya se hacían incontrolables, continuamos hablando, fumando y tomando un buen Vodka ruso en una perfecta combinación con agua perrier y limón criollo.
Ana estaba a punto de explotar (y yo también), de repente, calculó que no podía quedarse un segundo más en aquel balcón o de lo contrario terminaría por conseguir su segundo mejor orgasmo después que aquel mítico y legendario primer orgasmo que había confesado haber tenido en ese mismo lugar conmigo.
Yo no hice resistencia alguna, ni le suplique que se quedara, la dejé ir, agarró el elevador y bajó pero antes de bajar me clavó una mirada de gacela en celo que aún guardo en mi mente.
Había olvidado sus cigarrillos así que me llamó y bajé para alcanzárselos, estaba algo ebria, su cara era una explosión de deseo, yo la mira con lujuria pero me limité en pedirle que me llamara cuando llegara a su casa.
Subí nuevamente y ella se fue a su apartamento, me senté en mi balcón y di riendas sueltas a mi imaginación....y a mi mano. Su olor aún flotaba en el ambiente, su perfume, su aroma inconfundible me inundo de placer y quizás, sin ella saberlo, me regaló la mejor eyaculación que haya tenido en estos últimos años aun sin encontrarse ella presente.
De alguna manera, esa noche Ana tuvo un gran orgasmo, y yo una gran eyaculación sin tan siquiera habernos tocado un cabello el uno al otro.
Creo que descubrimos esa noche una nueva forma de hacer el amor o de experimentar placer sin llegar a sentir nuestros cuerpos en perfecta armonía o movimiento.
"Algo nuevo descubrimos Ana y yo esa noche, algo nuevo y diferente que quizás muchas personas no conozcan y por eso decidí narrar esta historia para que sirva de ejemplo o estimulación a otras parejas que a veces se empeñan en el placer carnal y sexual como una única vía para llegar al éxtasis".
Sepan que hay un más allá en las sensaciones y los deseos, cosas aún por descubrir, aún por explorar, aún por definir y aún por estudiar o dar a conocer.
Vale la pena internarlo, vale la pena experimentarlo y gozarlo con sus parejas.
Hagan al menos el intento y ya verán que habrá valido la pena.
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