Yo no era
virgen pero si muy inexperta, había llegado el momento
de decidir que él sería el hombre que me enseñara algunos secretos
que no conocía, de alguna manera era como hacer el amor por primera vez.
A mis escasos 20 años…y un poco más, estaba aun
estudiando en la universidad, y había logrado conseguir un empleo. No estaba
bien remunerada, pero yo me sentía orgullosa de tener la oportunidad de
aprender algo nuevo.
Todo el mundo era mayor que yo, y yo quería estar a la
altura. Siempre o casi siempre trataba de verme bien, lucía faldas y blusas,
complementados con unos buenos zapatos altos para disimilar mi estatura y
además para que mis curvas se realzaran.
Uno de los gerentes del grupo, un hombre de apariencia seria y
responsable, de unos 40 y tantos años, obviamente mucho mayor que yo, siempre
impecablemente vestido, su pelo bien peinado y perfectamente afeitado,
aprovechaba cualquier momento para cruzarse en mi camino o acudir a mi mesa
disimulando cualquier escusa, para aprovechar y deleitarse mirando mi
escote, mis piernas o lo que fuera.
Yo lo veía como algo normal, no soy una mujer voluptuosa
pero siempre he despertado miradas y lujuria, aunque intentara disimularlo los ajustados
vestidos aprisionaban mis curvas y todo se veía atractivo para
la felina mirada de este enigmático hombre.
Había empezado hablándome de forma cariñosa, algo que no
me molestaba en absoluto, pues lo veía como un gesto amable en una profesión en
la que todos quieren pasar por encima de los otros, sin embargo, poco a poco
sus palabras se fueron tornando en piropos, primero muy suaves del tipo “que
guapa estas hoy”, “que bien te queda ese vestido”… para pasar a chatearme
pequeñas obscenidades al celular, comentarios de
fuerte carga erótica, y que si bien al principio me incomodaban, pasados unos
días, producían escalofríos y una extraña sensación entre mis piernas.
Pasaban las semanas y sus palabras habían pasado a ser
descripciones de lo que podría hacerme si yo quisiera, y mi entrepierna cada
vez estaba más húmeda y caliente.
Nunca me habían interesado los hombres mayores,
desde que me había desarrollado tenía varios muchachos que andaban a mí
alrededor intentando que les hiciese caso, pero ninguno había logrado llamar mi
intención, y si bien había
tenido algún noviete, no habíamos explorado el sexo como yo hubiera querido.
Con ninguno de ellos me había sentido preparada para dar un paso más, no
conseguían que deseara estar con ellos en el sentido más carnal y a plenitud.
Sin embargo, este hombre maduro, solo con sus palabras, había logrado que
deseara tenerlo en mi interior.
Un día, dimos el primer paso, comenzamos a frecuentar los
principales parqueos de la ciudad, era todo erótico y medio salvaje, yo me
dediqué a observarlo y lo que observaba me gustaba pero aun no estaba del todo
decidida. Hasta que llego el primer contacto, lo fui a buscar a su casa y nos
fuimos a un push porque tenía visita en su apartamento y no podíamos hacerlo
allí. Llegamos al push y apenas me dio tiempo a reaccionar cuando su boca ya se
había unido a la mía besándome con pasión y fuerza, respondí a su beso
entrelazando mi lengua con la suya, no ofrecía ninguna resistencia, estaba
dispuesta a entregarme a él. Noté una de sus manos apretando una de mis nalgas,
con la otra recorrió mi pierna y metió su mano entre ellas, pasó sus dedos,
notando mi humedad, me sonrió y comenzó a penetrarme de la forma mas primitiva
y salvaje que haya conocido.
-Estás muy mojada y caliente, eso me gusta.-
Volvió a besarme y luego mordió mi cuello, erizándome la piel,
siguió bajando y agarró uno de mis senos para llevárselo a la boca, besándolo,
jugando con mi pezón. Llevó su mano a mi sexo inició un movimiento circular
sobre mi clítoris con su dedo, lo alternaba con suaves pellizcos sobre él, sus
otros dedos se deslizaban por toda mi xuxa esparciendo los flujos que salían de
mi interior.
Reaccione y lleve mi mano a su miembro, lo acaricié y
logre sacarlo de la prisión de su pantalón y su bóxer. Sentía su dureza en mi
mano, era un miembro enorme y caliente. Comencé una masturbación suave pero
firme, aceleré el movimiento y comencé a chupárselo violentamente, mi cuerpo se
estremecía y este hombre comenzó a poseerme con mucha fuerza.
Después tuvimos cientos de encuentros, le gustaba
sacársela para dejarme admirar su miembro y luego mirándolo directamente a los
ojos, sacaba la lengua y lamía la cabeza de su pene. El siempre gozaba con mis
mamadas, indicándome que le gustaba, así que continuaba con la tarea, deslizaba
mi lengua alrededor de su glande, pasándola por encima del agujerito, seguí
bajando, lamiendo todo el tallo y hacia el recorrido al revés hasta llegar de
nuevo al glande, esparcía mi saliva y su líquido pre-seminal por toda su pinga
y la besaba suavemente, jugando con mi lengua sobre él, masajeaba sus
testículos, acariciándolos con mi mano.
En sus ojos entrecerrados siempre podía notar el placer
que le proporcionaba. Siempre era yo quien, poco a poco, o violentamente me metía
su enorme verga en mi boca, dejando que notara como iba entrando. Cuando la
tenia así casi del todo dentro, la rozaba con mi lengua y empezaba a mamársela
cada vez más rápido, permitiendo que de cada embestida se metiese más hacia mi
garganta, hasta que sentí como su cuerpo se tensaba, sus manos apretaban mi
cara contra su entrepierna, y tres chorros de su delicioso semen salían
directos hacia mi boca. Mantenía su pinga allí limpiándola con mi lengua,
esperando a que se deshinchase, luego lo besaba.
Durante años mantuvimos una relación sexual sin igual,
algunas veces eran sesiones normales y en otras mejoraba y me daba un placer
enorme, era muy ocurrente y para nada aburrido sexualmente hablando. A veces
teníamos hasta más de una sesión semanal. Un día decidí tomar el control de la
situación, porque noté que se estaba enamorando y eso haría monótono nuestros
encuentros sexuales, ya era hora, y quería sacar a relucir todo lo que me
había enseñado así que un bien día decidí no ir mas a su apartamento aunque el
siempre insistía e insistía sin saber que su insistencia lo alejaba mas y mas
de mi.
Habría muchas anécdotas más que contar de este
“Latin Grey” pero quedaran para una próxima sesión...
Roberto